Gastronomia

El vino moscatel, el más dulce de la bogeda



¡Ay! El vino moscatel. La de veladas que llega a arreglar este vinito. Y lo desperdiciado que está por desconocimiento, tontería o esnobismo. Desconocimiento en una época más dados a la cervecita y el cubata; tontería por un mal entendido desprecio hacia los vino dulces y esnobismo porque preferimos todo lo foráneo.

Para hacer el moscatel hay dos métodos ya que este mundo de los vinos está evolucionando muy deprisa. La forma tradicional consiste en dejar madurar la uva el máximo posible en la cepa. Luego se extienden los racimos al sol para solearla aún más. Se prensan. De aquí, se fermenta o se deja reposar en barrica. De ahí, esos colores tostados que tiene al escanciarse. El resultado es dulce, muy dulce, casi un jarabe.

El vino moscatel tradicional se suele reservar para darle una grata compañía a patés muy especiados –tipo los de Pézenas o los de estilo indio– para quesos potentes como el cabrales o un manchego bien curado; o directamente para meternos unas cuantas calorías de chocolate u otro postre de excesiva personalidad.



La forma menos tradicional, más moderna es hacer un vino de unos 15º pero menos dulce, de menor consistencia ,siguiendo el estilo de los muscats franceses que tanta fama andan robando al Sauternes –hasta ahora el único vino dulce aceptado por snobs–.Se cosecha antes y se trabaja, en la gran mayoría de los casos, como un vino joven del año. De hecho, hay que beberlo así: mirando la fecha. Acompaña desde la suavidad untuosa del foie gras hasta ostras o cualquier otra cosa que se precie.

Vino moscatel: cuando las modas te juegan una mala pasada

En este país, tan de modas, cuando los vinos blancos se afrutaron y endulzaron, se hizo con cepas foráneas, pasando la moscatel desapercibida. Y ahora que se buscan los secos y fermentados en barrica, nos volvemos a olvidar de uno de los reyes de acá.

Menos mal que por encima de modas hay gente que se dedica a hacer algunos de nuestros maravillosos Rolls. Para los moscateles tradicionales basta una mirada hacia el sur que sigue haciendo verdaderas delicias, como el Lustrau. Para los modernos, me sigo quedando con Ochoa en Navarra, que los borda.

Para los dos, miremos hacia el Levante. ¡Qué se puede decir de los Casta Diva! Y ya sólo nos queda lo más difícil de todo: escoger con quien vamos a compartir tamaña delicia. No es cuestión de dar rosas a los cerdos, así que cuidadito. Más vale solos que mal acompañados. En cualquier caso, parece claro que los vinos moscatel merecen un puesto de honor entre los mejores productos vinícolas, tanto a nivel nacional e internacional.

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