Gastronomia

Los vinos blancos, un mundo exquisito para los paladares entrenados



Si hay que empezar a desmitificar los vinos, empecemos desde ahora. Siempre nos encontramos un problema, y es el de acertar con ese vino con el que empezamos nuestras comidas caseras. El vino blanco se reservaba para ciertas carnes blancas, algunos mariscos y el pescado cuyas salsas no fuesen potentes, pero ahora asistimos a lo que algunos llaman la revolución del vino blanco. Si volver a hacer vinos blancos maderizados en España es la revolución, dónde irán a parar las palabras.

El vino blanco evolucionó durante los siglos más que el tinto, que si que está viviendo una revolución palatina. Y aquí, lo que ocurrió es que la moda de los blancos afrutados arrasó con la variedad de todo lo que había antes. Pero por fin se vuelven a hacer las cosas bien. Lo más importante es dejar bien claro que hay que beber con los ojos cerrados y buscar qué es lo que nos apetece.

Tipos de vinos blancos

Hay vinos blancos del año. Ligeros, secos o/y afrutados que casan muy bien con una gran cantidad de aperitivos de verdura, marisco y pescado, incluso con arroces de sabor no muy fuerte. No los tomen con callos, escabeches o picantes ya que será como beber agua.

Hay vinos blancos dulces, que valen para el foie-gras , quesos picones y otras sutilezas; además acompañan bien a muchos mariscos y pescados. Pero si no son muy especiales, estilo moscateles o vinos de hielo, puede que les tilden de afeminados. ¡Eso del vino para mujeres sigue estando al orden del día!

Hay vinos blancos fermentados en barrica, que ya no son del año. Como normalmente tampoco lo son los anteriores que, por su fuerza, se pueden llegar a tomar con unas cuantas carnes a la brasa e, incluso, con albóndigas o salsas de vino blanco. También hay vinos blancos de crianza. Y estos, que han sufrido una crianza en barrica ya se suelen tomar con muchas de las viandas a las que acompaña un tinto de crianza. Pero no llegan a la fuerza de los tintos de reserva.

Pero ¿y el vintage portugués?

Con este palabro, los señores portugueses nos pretenden vender un Oporto que es muy particular. El vintage es un Oporto de añada, al que consideran en la bodega que es excepcional, de una calidad superior y muy superior a la media. Puede sufrir un proceso de maduración en barrica, primero, y luego en botella que puede llegar a superar, con toda tranquilidad los 25 años. Son los ultrafamosos Oportos.



En cuanto a los Oportos de pata negra, estamos hablando de algo que propone la bodega, pero que ha de ser aceptado por la D.O. correspondiente. E, incluso se puede llegar a hacer el vintage de vintages, pero eso lo hacen los señores de la Cofradía del Oporto en alguna de sus fiestecillas, por cierto a la que no me invitaron.

En el tema de los vintages, ocurre como en el de los grandes reservas o los denominados vinos de larga duración. Es decir, que si un vino está pensado para ser bebido a los 20 años, que no es lo mismo que aguante esos años, si lo probamos a menos de diez años, nos solemos encontrar con algo que, por decirlo finamente, no hay forma de tragarlo.

Estos vintages no hay que confundirlos con los Oportos de años. Esos no tienen más que tener el número de años, 5, 10, 15 que lleve el vino que menos años de envejecimiento esté presente en la botella. Lo que nos indica ya un buen Oporto.

Lo importante de este tipo de vinos es pensar para quién lo vamos a abrir, y con qué lo vamos a tomar. Teniendo en cuenta, que al ser un vino cortado con orujo, puede llegar a ser bastante cabezón. Los famosos maridajes, esos habríamos que tenerlos presentes, pero siempre desde un punto de vista bastante particular. Son potentes en boca, lo que nos obliga, ya sea a tomarlo de aperitivo con algo potente, un queso fuerte o algo del estilo, o a los postres con algo que nos lance al dulzor descarado.

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