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Palatino, un monte romano lleno de historias y secretos por descubrir

Palatino


De todos los monumentos y edificios patrimoniales de la capital italiana, el Palatino en Roma ocupa un puesto de honor, siendo una parada obligada en todos los tours y recorridos turísticos por el territorio. Y es que sólo este monte atesora reliquias arqueológicas que se remontan a los orígenes históricos y mitológicos de la Antigua Roma. Si quieres descubrir este y otros secretos del Palatino en Roma, las siguientes líneas no te decepcionarán.

El Palatino en Roma se integra dentro de la llamada Roma Quadrata, siendo una de las siete colinas que rodean el corazón histórico de la capital italiana. Hoy cualquiera puede visitar sus reliquias y admirar los vestigios de la civilización romana, bien a través de la entrada cercana al Arco de Tito o la entrada de la Via de San Gregorio.

Parte de la aventura de visitar el Palatino en Roma reside en los monumentos, palacios, templos y viviendas de época que atesora en su interior. De ahí que su visita sea una excusa perfecta para descubrir el Palacio de Dominiciano, la Casa de Augusto, el Templo de Vesta, la Casa de los Grifos, el Templo de Cibeles, el Hipódromo de Domiciano o la Casa de Augusto, entre otras maravillas antiguas.

Especial mención merecen las cabañas de Rómulo, considerados los vestigios más remotos de Roma, pues la antigüedad de estos restos arqueológicos data de los siglos VIII y VII a.C. Como es evidente, ignoramos si pertenecen verdaderamente al legendario fundador de la Ciudad Eterna, aunque no dudamos de que sea un excelente reclamo turístico.

El Palatino, entre la historia y la leyenda de Roma

En muchos sentidos, el Palatino en Roma puede ser considerado una suerte de museo al aire libre, cuyas ‘exposiciones’ se remontan al siglo I a.C. Para los antiguos habitantes de la Roma Quadrata, este monte fue el lugar donde Rómulo y Remo decidieron levantar la ciudad que daría lugar a todo un Imperio, tras sobrevivir gracias a la loba Luperca que les amamantó, en honor de la cual se celebran las Lupercales durante el 15 de febrero, precisamente en el Palatino.

De forma adicional, merece la pena dejarse caer por el Museo Palatino, cuyas reducidas dimensiones no deben llevarnos a engaño: sus esculturas, mosaicos y frescos no tienen desperdicio, pues ofrecen un fiel testimonio de los mejores años del periodo augusto.

En definitiva, el Palatino en Roma no está presente en todas las guías turísticas por casualidad: verdaderamente nos encontramos ante uno de los tesoros mejor guardados de Italia.



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