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Panteón de Agripa, un pedacito de historia en el corazón de Roma

Panteón de Agripa Roma


En su viaje a Roma en el año 1815, el escritor francés Stendhal quedó tan maravillado al visitar el Panteón que llegó a escribir que “nadie podría permanecer impasible contemplando su interior”. Han pasado más de dos siglos desde entonces y sus palabras siguen siendo ciertas, ya que son pocos los viajeros que visitan este lugar sin sentir una honda impresión. Como estás a punto de descubrir, son muchas las rarezas y datos interesantes que rodean el Panteón de Agripa Roma. ¿Te gustaría conocerlas a fondo?

La silueta del Panteón de Agripa Roma, tan inusual como enigmática, ha permanecido inalterada durante dos mil años, siendo en la actualidad el edificio de la Antigua Roma que en mejor estado de conservación ha llegado hasta nuestros días, con su capacidad de fascinar al visitante completamente intacta.

Un templo para todos los dioses

El edificio original donde hoy se asienta el Panteón fue construido por el emperador Octavio Augusto como un gran mausoleo en honor de su yerno, el general Marco Agripa, en el año 27 d.C. De aquel primer edificio tan sólo se conserva el friso, donde se puede leer el nombre de Agripa, lo cual ha tenido despistados a los historiadores durante años. Ahora se sabe que el edificio que ha llegado hasta nosotros corresponde a una construcción posterior de la época del emperador Adriano, diseñada por el arquitecto Apolodoro de Damasco.

La reconstrucción trajo consigo el cambio de funcionalidad del edificio, que pasó de ser una tumba monumental a un templo dedicado a todos los dioses, cuyo nombre deriva de la palabra griega Pantheos, compuesta a su vez por dos términos: pan (todos) y theos (dios).

Fue el emperador bizantino Bonifacio IV el que convirtió a este templo pagano en una iglesia cristiana, la de Santa Maria ad martyres, algo que sucedía por primera vez en la historia. Eso sin duda contribuyó a su preservación. El templo de todos los dioses pasó a ser así el templo de una única divinidad, el dios cristiano.

Ornamentado con valiosas obras de arte durante la época renacentista, En su cripta descansan los restos mortales de varios miembros de la casa de Saboya y del genial artista renacentista Rafael. Como no podía ser de otra manera, el Panteón de Agripa Roma fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1980, una justa mención considerando su elevado valor histórico y artístico.



Sorprendente arquitectura

La solemnidad del pórtico de la fachada, con sus elegantes columnas corintias y un gran frontón que oculta la cúpula, tiene como misión engañar al visitante el cual, al entrar descubre con asombro que en realidad se trata de un templo de planta circular. Una única nave de 73,3 metros de diámetro ocupa todo el espacio interior, rematado por una monumental cúpula formada por cinco filas de casetones que decrecen de tamaño a medida que se aproximan al centro. Desde luego, la del Panteón de Agripa Roma se jacta de ser una de las arquitecturas más cautivadoras de la capital romana, lo que no es decir poco, si bien se piensa.

La gran peculiaridad de la cúpula del Panteón es que no está cerrada: en el punto más alto queda una abertura de 9 metros de diámetro llamada oculus (“ojo”, en latín). La presencia de esta anomalía constructiva realza la atmósfera mística del templo, cuyo interior se ilumina a través de la luz del sol que penetra a través de él, creando un hermoso juego de luces y sombras.

Como curiosidad, hay que destacar que cada 21 de junio, la fecha del solsticio de verano en Roma, exactamente a las doce del mediodía, la luz del sol incide de forma totalmente perpendicular por el oculus de la cúpula del Panteón de Agripa Roma, dando lugar a un curioso y bello espectáculo.

Así las cosas, la visita al Panteón de Agripa Roma es obligada para cualquier viajero que ponga sus pies en la Ciudad Eterna. El edificio, en el que aún hoy se celebran servicios religiosos, abre todos los días de forma gratuita de 8:30 a 19:30 horas, excepto los días de Navidad y Año Nuevo. Durante la visita se exige a los turistas observar las debidas normas de conducta y vestimenta propias de un lugar de culto.

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